jueves, 27 de septiembre de 2012

Los Embajadores: una obra enigmática

Hola a tod@s!!! Hoy quiero hablaros de una obra enigmática, que me encantó conocer y estudiar durante la carrera: Los Embajadores de Hans Holbein, el joven (1533).

Esta obra maestra que podéis visitar en la National Gallery de Londres, se llama en realidad Jean de Dinteville y Georges de Selve y es importante por sus resonancias históricas, políticas, religiosas y filosóficas, además de por su riqueza simbólica y por su excelencia plástica.


CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA

Los Embajadores es un obra de estilo renacentista pintada al óleo sobre tabla de roble, con unas dimensiones de 209 cm. de alto por 207 cm. de ancho.

Se trata de uno de los primeros retratos de pie, completos, casi a tamaño natural. La obra tiene las características de todos los retratos de Holbein: retratos realistas con gran detallismo, sobretodo en los ropajes y la ornamentación. El pintor de origen alemán además, sabe plasmar el rango y dignidad de los personajes, dando una dimensión humana enmarcada de lleno en el Renacimiento.

LOS PERSONAJES Y EL PERIODO HISTÓRICO

El cuadro representa al embajador Jean de Dinteville, a la izquierda, y Georges de Selve, a la derecha. Los personajes tienen su vestimenta oficial y los atributos característicos de su rango, y están rodeados de símbolos que indican su pertenencia al mundo intelectual, religioso y político.

Hay que tener en cuenta que unos años antes de la realización de esta obra se había producido el divorcio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, y su posterior excomunión, lo cual produjo el cisma de Inglaterra. En un principio se pensó que el cuadro exaltaba el propio cisma, pero hoy se sabe, gracias a unas cartas, que Georges de Selve confiaba en una reconciliación, lo mismo que Jean de Dinteville, que pretendía evitar el cisma.
  • JEAN DE DINTEVILLE: fue embajador del Rey de Francia, Francisco I, ante la Corte de Inglaterra. En el cuadro se le representa ricamente vestido, con un abrigo de armiño, una daga enfundada en su estuche y una espada. En el cuello lleva una cadena dorada con una medalla decorada con un ángel, prueba de su pertenencia a la Orden de San Miguel. Su edad (29 años), aparece inscrita en la daga, símbolo del poder secular. Hay un detalle poco perceptible en su sombrero o boina: una calavera en un medallón que junto a la anamorfosis (de la que hablaremos más tarde) forma parte de la divisa personal de Dinteville. Holbein trabajó con precisión una recortada barba de tonos pelirrojos y unos ojos de gran viveza que se desvían ligeramente para mirar la actividad del pintor.
  • GEORGE DE SELVE: fue obispo de Lavaur, y ocasionalmente fue embajador ante el Emperador Carlos V de Alemania (I de España), la república de Venecia y la Santa Sede. De Selve se dedicó en lo esencial de su sacerdocio a trabajar por la reconciliación en el seno de la Iglesia. En la obra se le representa con una sotana episcopal adamascada, totalmente negra, y un bonete cuadrado colocado en actitud simétrica. Su edad (24 años) aparece en el canto de un libro, símbolo del poder eclesiástico. En su mano derecha sujeta unos guantes, símbolo de dignidad, y su rostro presenta una cuidada barba en la que, como en las cejas y el cabello, el pintor trabajó pelo a pelo. 
SIMBOLISMOS

Las artes liberales y el mundo humanista están representados por los objetos de las estanterías, los mismos que aparecen en el retrato del astrónomo Nickolus Kratzer. Además hay un homenaje a todos los hombres caídos en desgracia del círculo de Tomas Moro.

Ambos hombres, que observan directamente al espectador, están apoyados sobre un mueble con dos estantes sobre el que hay dispuestos varios objetos que homenajean a los descubrimientos del mundo moderno. Estos objetos están relacionados con el quadrivium, las cuatro ciencias matemáticas entre las siete artes liberales: la aritmética, la geometría, la música y la astronomía; y el trivium: la lógica, la gramática y la retórica.

ESTANTE SUPERIOR
  • Un tapiz persa de color rojo con motivos geométricos.
  • Una esfera celeste que muestra las constelaciones con trazos de figuras del zodiaco. Se distingue la constelación del cisne, anotada como GALACIA; quizá como alusión al nombre en latín de Francia, Gallia. En lugar de un cisne hay un gallo que ataca a un buitre, una especie de alegoría de Francia (el gallo) atacando a sus enemigos y haciéndolos huir. El globo no está regulado para representar el cielo a la latitud de 51° 30', que es la de Londres, donde se encuentran los dos hombres, se trata de un valor muy próximo a la latitud de Roma (41° 52'), que alude a los desacuerdos políticos y religioso entre la corte inglesa y el Vaticano.
  • Varios relojes de sol, entre ellos un modelo también representado por Holbein cinco años antes en el retrato de Nicholas Krazter. La precisión de la pintura permite ver que uno de los relojes está marcando el 11 de abril, Viernes Santo en aquel año.
  • Un libro sobre el que apoya el codo George de Selve, en cuyo canto se lee la mención: ÆTATIS SVÆ 25, que corresponde a la edad de Georges de Selve. 
  • También hay un sextante, un cuadrante solar poliédrico y un torquetum para determinar la posición de los astros.

ESTANTE INFERIOR
  • Un compás
  • Un globo terráqueo que muestra un cierto número de notaciones "geopolíticas", como la línea de división del mundo entre españoles y portugueses establecida por el papa Alejandro VI en el tratado de Tordesillas de 1494, la circunnavegación de Magallanes o el Nuevo Mundo, en particular la costa brasileña. Por lo tanto es una clara referencia a la presencia en el mundo de las grandes potencias del momento. Holbein indica sobre el mapa de Francia la ubicación de Policy, (actualmente Polisy), el dominio señorial de Dinteville, donde debía instalarse el cuadro.
  • Un libro abierto con cánticos luteranos de Johannes Walther, que evoca a la Iglesia reformada. Holbein escogió presentar el libro abierto por dos páginas concretas que sin embargo no son consecutivas en la obra verdadera. La página de la izquierda muestra la traducción del primer versículo del himno Veni sancte Spiritus de Lutero y la de la derecha la introducción a la versión abreviada de los Diez Mandamientos del mismo Lutero. Es probable que la elección de este libro y la yuxtaposición de estas dos páginas sean intencionadas; sin duda el tema favorito de Lutero era la oposición entre la Ley, representada por los mandamientos, y la Gracia, simbolizada por el himno, una temática que parece haber sido próxima a las posiciones de Georges de Selve.

  • Un libro de aritmética que se mantiene abierto por una escuadra. Es la Aritmética del Vendedor de Apianus, libro de cabecera de los comerciantes de la Hansa, buenos clientes de Holbein, sobre todo tras la desgracia de Tomás Moro. Con él, Holbein quiere remarcar la importancia de la emergencia de la burguesía en este periodo. Además el libro recuerda también que Georges de Selve descendía de una familia de comerciantes que amasó su fortuna durante el siglo XV y que permitió que uno de los suyos alcanzara la posición de obispo. La página legible empieza por la palabra Dividirt, que tiene doble sentido, porque se puede referir a la división matemática pero también a la división o desarmonía, tanto en la iglesia como en el terreno político. Los escritos de Georges de Selve se hacen eco de sus inquietudes ante la división que sufre la iglesia, la Reforma luterana, pero también ante la creación de la iglesia anglicana. De Selve escribe, por ejemplo, un discurso destinado al rey de Francia y al Emperador romano germánico como llamamiento a la reconciliación.
  • Un laúd con una cuerda rota, lo que posiblemente simboliza el periodo de confusión que la iglesia vive en esta época, una armonía perdida. El instrumento, a modo de naturaleza muerta, es todo un ejercicio pictórico de perspectiva, con un exquisito trabajo de texturas, especialmente en el mástil de los trastes.
  • Un estuche de música con varias flautas.

El plano posterior está ocupado por una cortina de terciopelo verde con un pliegue en la esquina superior izquierda que apenas permite ver un crucifijo, que a menudo no se ve en las reproducciones debido a su posición en el margen. El crucifijo, medio escondido, en una posición intermedia entre lo que hay delante de la cortina (el mundo de los hombres) y lo que se esconde a su mirada, lo desconocido detrás del telón, simboliza la posición del Cristo intermediario entre aquí abajo y el más allá. Por otra parte, puede interpretarse como el arrinconamiento de las creencias religiosas en la lucha por el poder político.

Los personajes se encuentran en una sala con un rico pavimento marmóreo de mosaicos geométricos, ajustado a las leyes visuales de la perspectiva, lo que proporciona profundidad a la escena. Se ha querido encontrar cierta similitud con los pavimentos de la abadía de Westminster, realizados en 1268 por el romano Odoricus, y el de la Capilla Sixtina. La elección de este tipo de pavimento en lugar de las tradicionales baldosas todavía no está aclarado, apuntándose una posible referencia al macrocosmos en la que el círculo central puede estar simbolizando a Dios y los cuatro circundantes a los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. A través de este elemento se pondría en relación el microcosmos representado por los dos personajes con el macrocosmos de la creación.

LA ANAMORFOSIS

Lo más curioso del cuadro es la calavera que pintó Holbein, un objeto oblongo, que flota entre el espectador y el cuadro, entre el espacio real y el espacio pictórico. Este juego se llama anamorfosis, la no forma o destrucción de la imagen. 


La construcción de este efecto se realiza mediante un tubo de cristal y un espejo interpuesto entre el espectador y el cuadro, orientado perpendicularmente a la forma oblicua; el cráneo aparece totalmente claro en el tubo. Para pintar el cráneo deformado, se actúa a la inversa, copiando lo que se ve en el tubo a partir de un cráneo claro.

Este tipo de imágenes deformadas estaba de moda en la Inglaterra de los Tudor; la National Portrait Gallery de Londres posee por ejemplo un retrato de Eduardo VI de Inglaterra por William Scrots que también contiene una deformación por anamorfosis que se corrige mirando la superficie del cuadro a través de un agujero en el marco.

Se piensa que puede tener relación con el lugar donde podría estar ubicado. También hay un juego de palabras con el nombre de Holbein en alemán: Hohie Bein, que significa hueso hueco, esto ha motivado a algunos estudiosos a considerar esta representación como una firma en clave de Holbein. 

La calavera es lo que están viendo los embajadores. Es la muerte que aparece mirando desde la derecha como un espectro aterrador. Es un símbolo de la vanidad humana contrapuesto al lujo de los personajes representados, un género de pintura en el que las calaveras aluden de forma moralizante a la fugacidad de la vida, la belleza y el saber, así como el tratamiento igualitario de la muerte a todos los rangos de la existencia.

En resumen, el cuadro no es sólo un retrato, sino también una vanitas, una meditación sobre la fragilidad de la sabiduría y de los honores. Lo importante en la tierra no lo es en el reino de los cielos; lo que se ha hecho en nuestra vida, la muerte lo deshace. La cuerda de laúd rota, simboliza la muerte y la inscripción del Crucifijo situado arriba, tras la cortina: Piensa en tu salvación nos recuerda que la muerte nos llega a todos. Para el espectador es un juego manierista que pretende demostrar que lo único real en esta vida es la muerte, representada por la calavera.

Por todo ello, la pintura de Los Embajadores es algo más que un retrato impecable y un universo de símbolos materializados en determinados objetos, pues sobre estos elementos ricos y suntuosos prevalece la idea de la inutilidad del hombre ante la muerte y lo transitorio de la vida, toda una declaración críptica de principios de este versátil pintor a través de una escena en la que prima el lujo y la apariencia.

Espero que os haya gustado el análisis de la obra y os recomiendo visitarla en la National Gallery de Londres, situada en la famosa Trafalgar Square, pues es impresionante. Nos vemos en la próxima entrada, saludos!!!

6 comentarios:

  1. mmmmmmmmmmmmmmmmm que asco no me gusta este cuadro paranormal

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  2. El cuadro es de admirar pero el comentario es para enmarcar.
    Muchas gracias

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  3. Es una rareza, de acuerdo con los dos anteriores comentarios. Tiene mucho detalle con significado y esa calavera es algo que no había visto ni sabía que existía (no soy artista). Por algo es un de las obras favoritas del artista Fernando Botero.

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  4. Espléndido análisis de un cuadro soberbio y curioso.
    El estudio de la pintura está al mas alto nivel.
    Muchas gracias.

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  5. excelente explicacion de lo que se observa en dicha obra de arte...

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